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Esta semana nos acompaña Elena Carreño desde el Estado de México para compartirnos sus cuatro historias de parto. La familia de Elena es una familia de sanadoras que han atraído a la gente que necesita de sus dones. Desde pequeña, Elena fue influenciada por la medicina y la sabiduría de su abuelas y las demás mujeres de su familia, a pesar de que los conocimientos no eran transmitidos formalmente. A los 14 años Elena se embarazó por primera vez y su parto, en un hospital público, estuvo caracterizado por la violencia obstétrica y los maltratos que desafortunadamente sufren muchas madres adolescentes. Después del nacimiento de su hija, Elena se esforzó para continuar su educación y se enfocó muchísimo en ser buena proveedora. Terminó un diplomado en estética y durante esa formación empezó a sentir un profundo llamado a acompañar los proceso de las personas de forma más y más profunda. Durante su segundo embarazo Elena buscó opciones diferentes para su parto y lo que fue más accesible para ella fue una clínica donde se promovía el parto humanizado, y aunque no era el plan que Elena realmente quería, siguió adelante con esa idea. Pero la vida es impredecible y ese segundo parto sucedió en un taxi en camino a la clínica. Elena sabía que no tenía tiempo de llegar hasta su destino antes del nacimiento, pero tenía tanto miedo de ir a una clínica donde la maltrataran que su lugar seguro terminó siendo el taxi, donde recibió a su bebé. Después de eso Elena empezó a sentir más y más fuerte el llamado a acompañar partos como doula e hizo una formación con una gran partera. Durante su tercer embarazo Elena conectó con Angelina Martínez y gracias a esa bella experiencia de parto su convicción de seguir caminando hacia la partería se fortaleció. Elena siguió más y más fuerte en el camino rojo, los temazcales, la medicina tradicional, y así fue que cuando se embarazó por cuarta vez tuvo claro que quería parir en su casa y así lo hizo, acompañada de sus hijos, de su pareja y de las personas que tenían que estar ahí.